Tras regresar de Tánger (Marruecos), viajé un mes a Francia, cosas de los estudios, entre un viaje y otro sólo pasaron 5 días, pero llenos de inconvenientes.
Lo primero que hice fue quedar con él para comer, claro que mi hermano quería conocerle, tendría unos 11 años, así que me lo llevé a su piso a comer espaguetis y jugar a las cartas. Al principio estuvimos un poco incómodos ya que mi padre es racista y mis abuelos también, así que mi hermano estaba lleno de prejuicios. Gracias a Dios que estuvo tranquilo y amable, lo pasamos muy bien.
A mis padres, bueno, a mi madre le enseñé unas fotos del viaje y no le pareció nada mal, eso sí ella siempre tenía en la cabeza: "un moro por buena persona que sea, siempre es un moro" (la palabra "moro" la pronuncia sin malicia, que quede claro). A mi padre no le dije nada.
En esos cinco días, salimos un par de veces.
La última noche, nos quedamos hablando en la estación hasta la madrugada, viendo como se iba mi tren, una y otra vez... pero nada es perfecto. Al día siguiente me dejé dormir y perdí el avión, cosas que pasan, al menos pudimos vernos dos o tres días más antes de que me marchara.
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